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VII SUBIDA AL PICO DEL REMEDIO (LA CARRERA DE LOS CAMBIOS)

Tenía mono "dorsalero" y para quitármelo mejor sitio que Chelva, con su ambientazo habitual, y su imponente Pico del Remedio vigilando nuestras andanzas.
Bueno el madrugón como siempre, inevitable. La camiseta roja de Caragol colocadita y también llevaba compañía nueva.
Un maestro del asfalto que se va transformando en un poderoso runner mountain, a saber Don Luis Camacho, miembro de AVAPACE CORRE y su esposa, Ana Barreda, que se mueve como pez en el agua por las montañas, disfrutando cada pendiente y cada roca.
Por nuestra parte Jose Antonio y yo, últimos mohícanos de este moribundo Caragol, que más por cabezonería que por realidad, sigue danzando por ahí a pesar de los pesares.
Esta carrera la he bautizado como la de los cambios, si bien hay cosas que mejor no tocar, el cafelito en el Bar Angelines de Chelva, el madrugón antes comentado y el buen ambiente que reina en nuestras expediciones, en lo demás todo es suceptible de modificación y la primera variante me costó decidirla una hora.  ¿Llevo mochila o no? Pues esta vez no, por que busco velocidad y no quiero nada que me moleste.  Este es el segundo punto que se modifica, esta vez quiero correr y hacerlo de verdad. Y con esta actitud  nos plantamos en la salida, preparados listos y ya!!!!!
Primer km tranquilo, acompañando a Ana y ya adelantando corredores.
Al poco corro solo si bien Ana va muy cerquita, Luis ya se pelea en cabeza y Jose hace su carrera.
Conforme ganamos altura voy adelantando corredores y llego al medio del pelotón, poca conversación y mucho correr. Tercer cambio, no hablo con nadie, ahí vamos a lo nuestro... corriendo, compitiendo.
Corredora mareada, marido preocupado y ahí está el espíritu caragolin, ofrecemos bebida para que se recupere aunque no la quiere. A pesar de querer competir no hay que olvidar lo que es la montaña, y esto es superación, lucha pero sobre todo compañerismo y solidaridad, eso no hay marca que nos lo deba hacer olvidar.
Bueno, sigo para arriba, dos kilómetros más y llegamos al primer avituallamiento. Conforme me acerco aprieto un poco más el ritmo pero sin olvidar las pulsaciones. Otro cambio, como hipocondriaco declarado que soy, temo a los ataques al corazón por lo que vigilo mis pulsaciones no vaya a palmarla en plena flor de la vida que, Dios mediante, me queda muchisímo por hacer.
Llegada a la ermita y quiero beber agua, me dan un vaso pero no estaba lleno del liquido elemento, en su lugar doy un sorbo a un aquarius que esta buenisimo, pero yo quería agua asi que, como no tengo ganas de perder tiempo, arreando para abajo y ya beberé.
Primero pista sencillita para bajar a toda leche, luego senda con multitud de piedras y arena suelta  en la senda del cantal muy peligrosa así que, con cuidado pero sin perder la cara a la carrera, vamos bajando.
Hace un calor sofocante que no toca a estas alturas del año, cuando termina la bajada quedan unos tres kilómetros de llano, bajadas muy cortas y por último el fin de fiesta... la entrada triunfal a Chelva con una última rampa corta pero con un desnivel considerable. Con esa rampa en la cabeza empiezo a reservar algo de fuerzas por que empiezo a notar un hormigueo ya conocido en el pie izquierdo, ese que me anuncia que mi dedo gordo se dispone a dar un estirón hacía arriba antinatural y contra todas las leyes de la gravedad, así que decido bajar ritmo y tomo como referencia un corredor  ataviado con ropa blanca y negra que me servirá de referencia hasta el fin de la carrera y así se entabla una extraña relación sin mediar palabra entre dos seres desconocidos en medio del monte, él delante yo vigilante detrás, él acelera... yo acelero, mira de hacía atrás y me observa, yo llevo gafas de sol para ocultar mi mirada de ave rapaz.  De repente lo pierdo, ¿ande andará? Lo he perdido, me ha abandonado... pero no, descubro que mi liebre debía haber tenido alguna urgencia por que aparece por detrás al pasar el túnel, aprieta el paso y lo dejo pasar. Vuelta a empezar. Él acelera.. yo acelero, etc...
Entrada a Chelva, mi liebre me ha dejado atrás ya que el tramo de carretera no soy capaz de hacerlo bien, la calor me está afectando sobremanera, pero no sé que tiene entrar en Chelva que me acelero y después de callejear en desnivel negativo comienza la rampa, veo a la liebre... se le está haciendo larga, aprieto para adelantarlo pero amigos, tantos cambios en un día para mí son excesivos, y toda una carrera sin hablar también, así que no lo puedo evitar y mira que me arrepiento... pero al verlo ahí, tan sufrido, y después de haberlo utilizado ... levanto un poco el ritmo y le pego un grito de aupa, ¡¡¡¡¡VA TIOOOOOOOO QUE LO TIENES!!!! se ve que se asusta, acelera considerablemente y no hago por adelantarlo, resultado... dos segunditos antes que yo, se lo había ganado.
Luis me espera en meta, el señor se ha marcado un tiempo de 1 hora y cinco minutitos que le hace quedar el 17 de la general.
Yo una horita, veinticinco minutos trece segundos, dos segundos más que mi liebre (gracias por tu estela amigo) esto son diez minutos menos que el año pasado, que mejora he experimentado sin dietas, sin ejercicios de fuerza, sin series ni hostias, ... cuidado Luis que como empieze a cuidarme te pillo ( hay que decir que a Luis se le conoce también como TIC debido a su relación especial con el reloj y las marcas atléticas)  También se nota que este año en vez de hablar he corrido.
Ana una hora y treinta y cinco minutos maravillosos, currados y disfrutados. Llega sonriente y satisfecha. Aunque hubiera preferido más frondosidad y menos solano, pero hay que pisar todos los terrenos y en la próxima competición tendrá una carrera más de experiencia.
Jose entorno dos horas, pocos corredores llegan tan plenos como él. Son corredores como Jose Antonio los que hacen grande este deporte, en el que la admiración se reparte por partes iguales entre ganadores y "finishers"
Y aquí acaba la crónica, no sé si habrán más.
Las escritas las he disfrutado mucho, espero que vosotros, los pocos que las leeis también. La he hecho con cariño y mucho respeto. Ha sido divertido  escribirlas, darles ese toque exagerado e irónico, me he esforzado casi tanto como en las carreras.
Todas escritas en la oscuridad de la noche, que es más fácil inspirarse.
Han sido mi aportación para animar a quien quisiera a correr que corriera y quien corría que no se detuviera, poco éxito he tenido en ambas labores.
Ya hace tiempo de la primera que escribí y muchas cosas nos han pasado a todos. Muchos cambios, algunos para mejor y otros para igual, nunca para peor aunque han habido malos momentos que no procede narrar aquí.
Si os he sacado alguna sonrisa alguna vez leyendo las aventuras y desventuras de un caragolin por el monte... me doy por satisfecho.
Bueno... ha sido un enorme placer narraros mis experiencias.
Hasta otra.






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